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Wednesday, October 01, 2008

LOS STARS

Ayer, pese al detestable lugar en que presenciamos el concierto (sin comentarios, ni fotos); por fin pude regocijarme de ver a una de mis bandas que faneó: LOS STARS o Stars a solas.

A pesar de los reclamos del Xun por el lugar, hubo momentos así que de plano manché el pantalón con mi descendcia. Mi ropa interior estaba llena de pequeños cromosomas XY.

El momento, como era bien sabido, fue escuchar los primeros acordes de "Your Ex-Lover Is Dead" y toda la mushashada gritó y la coreó. No pensé que fuera taaaaaaan famosa.

Chale, a pesar de que pueda ser visto como «guey, te gusta la rola más comerical de estoy cabrones» Eh, sí. Pero no porque sea la única que conozca. No, de hecho admito que si Dios me olbigara a quemar un disco para escuchar el resto de mi vida únicamente, esta canción vendría incluida. Punto.

Es de las cosas que uno siempre hubiera deseado componer/escribir. De hecho hace como un tiempo, me dio por parafrasear algunas rolas y de ahí escribir algo al respecto:

TU EX AMANTE, ESTÁ MUERTO

Yo ya no puedo,

tú ya no puedes

y no sé si haya un tercero involucrado.


Yo ya no me soporto,

ya no aguanto mi mandíbula torcida,

ni a mis órganos hartos de provocar tu espera.


Tú ya no te haces falta ni te arreglas,

tú solo esperas el día en que me despida

y te pida que me devuelvas mis cosas.


No sé si hay aun él que también esté harto.


Yo ya no busco que haya un nosotros,

yo ya me conforme con esta soledad acompañada.

Tú te compruebas pasiva, ahuyentado el compromiso;

tú desgastas el aburrimiento,

implorando disculpas en mi oído.


No sé si haya un él que siga acechando tu territorio.


Yo me bebo a automáticamente,

yo ya he condenado el fracaso con tu complacencia.

Tú te sientas aguardando

que deseche mi sexualidad por la ventana,

tú no has sabido diferenciar el ocio de la seducción.


No sé si haya un él que espera que me vaya.


Yo ya no siento la misma emoción al ir a buscarte,

yo ya empiezo a verlo todo como una simple rutina.

Tú ya vuelves a respirar cuando dejo de hablarte,

tú ya reservas tus gestos femeninos para una mejor ocasión.


No sé si haya un él que festeje

que mi auto ya no se estacione frente a tu casa todas las noches.


Yo decidí sentir algo, tú ni siquiera pudiste elegir.

Y no sé si haya un él, tu ex amante, que esté muerto

y no reviviendo a través de mí.



Ahora dejo la video con la rola. Ayer se me enchinó la piel durísimo y estuve a dos de llorar. Neta. Lástima que no hubo el prólogo hablado de When there's nothing left to burn, you gotta set yourself on fire.


Monday, September 22, 2008

NO NECESITA CORTEJO....

No diré si esto pasó o no...


—Si guey, vete con Brenda está allá arriba esperándote.
—Mejor me duermo con un perro, es más femenino y con menos pelo.
—No mames… ya eso estuvo cruel— Pollo con el comentario sarcástico.
—Pues córrele a decir putín.
—No me chingues, es como llegar con el lobo de la Caperucita… Ver un monstruo en la cama… “Ay Brenda pero qué pinches dientotes…”
—Dientotes, y hocicote y brazotes…
—No sean culeros… A lo mucho abres la puerta y la ves en negligé esperando a Ciro con una luz roja y pétalos de rosas… lamiendo fresas.— Raúl mostrando sus más oscuras fantasías.
—No digas eso cabrón, capaz de que ahorita está escuchando eso y la estamos prendiendo. Va a bajar toda caliente la vieja.— Ciro con su poca sutileza.
—Pues vas… sólo cierras los ojos y lo disfrutas… Si no te late, le dices que eres precoz, dos o tres bombeos y bye.— Diego actuando esa situación tan visualmente grotesca.
—Tú si te la hechas, ¿verdad?— golpe de Pollo al estómago Dieguesco.
-—No guey— Diego protegía más su vaso familiar que su propio cuerpo.
—Es que no sé… se me hace que si ahorita cualquiera va al cuarto de este guey y dices “Qué pedo Brenda, le ponemos” No te dice que sí, luego luego se quita la ropa y te rompe la espalda. Brenda es de esas viejas que no necesita cortejo. Ni una salidita al cine, ni una pinche cena. Sólo le guiñes el ojo y a coger, cabrones.

Wednesday, May 07, 2008

SUPOSICIÓN 2.O

Pude quemarte. Pude ser el viento que mecía tu cabello y escondía tu rostro.

Pude ser el hombre que entre tantos deseas.

(Hasta aquí, tu suposición es que al decírselo, te vería a lo ojos y te deshiciera con una mirada tierna. Comprometedora, relevante).


Pude arrancarte, pude ser tu caballero armado que te comprendiera, pude ser el olor de tu cuerpo.
(Hasta aquí, imaginas el silencio. El fuego de un cigarro, tu garganta erosionada por los litros y litros de nerviosa saliva que tragas por default).


Pude quererte, pude ser la bala que entra por tu cabeza, pude ser el sudor entre tus muslos.

(Hasta aquí, deseas que tu poca cultura fílmica te rescate. Imaginas la escena: ella coloca su dedo índice sobre tus labios y susurra un ligero "shhh, ya no hables en pasado, ¿acaso ya no puedes quererme?" La vida no es como el cine: es más complicada).


Pude odiarte, pude salivar tus cicatrices y cerrarlas, pude ser tu vicio o tu cansancio.

(Hasta aquí crees que la palabra "odio" cercena su coraza. Iluso. Sus gestos son de lástima, de una lenta eutansia que involuntariamente resignas con frases mutiladas de dignidad. Eres un burla. Pero te engañas)


Pude comerte, pude ser tu vestimenta, puedo ser tu estómago vacío o tu corazón lleno.
(Hasta aquí, crees que te va a perdonar, crees que te cree. Imaginas que su armadura se disloca y cae sobre tus pies. No te preocupes, tiene ciento viente capaz de frialdad. Tú te quemas, ella se mantiene al margen de tus palabras incandecentes. Es más inteligente que tú.)

(Supones comprenderlo...)

Pude dejar atrás supociones, pude ser tu cómplice momentáneo, pero ya no puedo ser el que te espera.
(Hasta aquí, te das cuenta que reacciona. Inicia el final. Se termina el comienza de algo que sólo se conjuga en el hubiera. No habrá una noticia bajo el sol).


Y tú pudiste ser todo esto para mí también, pero no nos dejaste. Todo fue un "quizás".

(Supones al final de cuentas. tenía algún sentido que se lo dijeras. Hasta aquí te das cuenta que algún día habrás de escribirlo.)

Lo supones... no lo sabes.

Monday, April 28, 2008

TEORÍA DE UNA MUJER EN TURNO.

Ella me tomó de la mano. La quité inmediatamente. «Espera, vengo manejando» y la coloqué sobre el volante. La vi de reojo y su mirada estaba calculadoramente hacia el frente. Sus pupilas derrapaban el asfalto y su respiración tan gélida, tan vacía congelaba los faros del auto y bloqueaban la luz; nuestro futuro.

Fue justo cuando apareció el preventivo del semáforo. Ese amarillo viscoso, ese amarillo que salió de su boca y obligó a bajarle al volumen del stéreo. Aclaró la garganta, giró 30º a su izquierda y me miró. Abrió su boca y liberó su voz anónima, su voz de otros ayeres tan necesaria. Su voz llena de duda.

—Deja de jugar, X..., deja de hacerte la pinche víctima.
—¿De qué diablos estás hablando, víctima de qué?
—Hacerte el mártir. Fingir que puedes querer a alguien de la noche a la mañana.
—¿Si no más estoy actuando, qué es lo que siento por ti?
—Sólo me quieres por el momento, porque estás completamente solo.

Verde.
Claxón.
Luces.

Clutch, velocidad, acelerador.

Silencio.

Manejé automáticamente. Sólo por el momento... entonces qué diablos hacía recorriendo todo el invierno para que ella apareciera en su balcón y me viera a la distancia. ¿Con qué maldito derecho ponía en tela de juicio mi obsesión por olvidar los caprichos y errores?

Y ahí estaba ella, con el valor de cambiar las canciones del reproductor del carro. Ahí estaba, refugiada de mis caricias sobre su asiento de copiloto aterrorizado.

—Crees que no te quiero, ¿verdad?
—No lo sé.

Y sabía que sus frases no revelan toda la intención de su convalecencia cardiaca. Porque aún se escondía en la bóveda de mi pasado y dudaba en saber qué había más allá de la cerradura de mis mentiras. Me repetía "No cree que mi mano sea la guarida de su universo, ni que mi lengua sea la llave para depositar tus secretos". Lo peor del asunto --además del estúpido tráfico de diciembre--, era saber que ella dudaba de mi pasión a cuenta gotas, sin tener el valor de definir que de quien realmente desconfíaba era de ella misma.

De ser cómo yo, de convertirse en alguien tan vil, tan yo: un mitómano sentimental. Un antipático ser que no puede estar solo. Que necesitaba de un motivo sexual para romper la rutina. Pero había una diferencia que la atemorizaba: Yo podía admitirlo, ella ni siquiera se podía dar cuenta.

—Entiéndeme.
—No lo haré. No quiero.
—Me caga que te pongas así.
—Entonces ya no digas nada.
—X... eres tan inmaduro.
—Lo tomaré como halago, viniendo de ti.
—Entiéndeme.
—Qué...
—No me quieres; quieres que esté contigo, pero a mí, no.
—Te quiero.
—Cómo.
—Así. Normal.
—¿Te escuchaste? Cómo puedes tener los huevos para decirme que me quieres, si me hablas así.
—Porque te quiero, sin clichés ni nada. Así no más. Y quiero estar contigo.
—Para qué.
—Para quererte.
—Por cuánto tiempo.

Silencio.

—Ves, soy una mujer en turno. Y entiende, no te voy a dar ese gusto.


Doblé una esquina y me estacioné afuera de su casa. Sus palabras acribillaban las sienes. Quería hablar, dejar en claro que no iba a ser derrotado. Que tal vez sí la quería. Que a lo mejor tenía razón.

Me dices que te entienda, pero tú no entiendes que es ahora o nunca.

—Te puedo querer para siempre.
—¿Puedes?
—Yo creo.
—Dime sí o no.

Ahora quería decirle que el para siempre, será hasta luego,que el sí es momentáneo y el no es eterno. Que por fin cuando dejara de dudar, sabrá que existe un olvido que puedo arrancar con mi cortejo. Y viceversa.

—No te quiero por el momento, te quiero porque me dices que no me crees.
—Eso no me aclara nada.
—A mí sí: creo que tienes razón.

Abrió la puerta y tomó mi mano.

Al siguiente día la llamaría. Ahora que ambos sabíamos lo que queríamos el uno del otro. La mentira fue más fácil. No haría falta un ramo de flores. No iba a ser necesario un despecho de caballerosidad, simplemente la necesidad de cubrir nuestros deseos con el calor de un cuerpo que los pocos días, quedaría hundido en el olvido momentáneo.

Wednesday, February 20, 2008

TEORÍA DE UNA MUJER EN TURNO

Ella me tomó de la mano. La quité inmediatamente. «Espera, vengo manejando» y la coloqué en el volante. La miré de reojo y su mirada estaba calculadoramente hacia el frente. Sus pupilas derrapaban sobre el asfaltO y su respiración tan gélida, tan vacía congelaba los faros del auto y bloqueaba la luz; nuestro futuro.

Fue justo cuando apareció el preventivo del semáforo. Ese amarillo viscoso, ese amarillo que salió de su boca y obligó a bajarle al volumen del stéreo. Aclaró la garganta, giró 30º a su izquierda y me miró. Abrió su boca y se liberó su voz anónima, su voz de otros ayeres tan necesaria. Su voz llena de duda.

—Deja de jugar, X..., deja de hacerte la pinche víctima.
—¿De qué diablos estás hablando, víctima de qué?
—Hacerte el mártir. Fingir que puedes querer a alguien de la noche a la mañana.
—¿Si no más estoy actuando, qué es lo que siento por ti?
—Sólo me quieres por el momento, porque estás completamente solo.

Verde.
Claxón.
Luces.

Clutch, velocidad, acelerador.

Silencio.

Manejé automáticamente. Sólo por el momento... entonces qué diablos hacía recorriendo todo el invierno para que ella apareciera en su balcón y me viera a la distancia, para verla sonreír. Con qué maldito derecho ponía en tela de juicio mi obsesión por olvidar los caprichos y errores.

Y ahí estaba ella, con el valor de cambiar las canciones del reproductor del carro. Ahí estaba, refugiada de mis caricias sobre su asiento de copiloto aterrorizado.

—Crees que no te quiero, ¿verdad?
—No lo sé.

Y sabía que sus frases no revelan toda la intención de su convalecencia cardiaca. Porque aún se escondía en la bóveda de mi pasado y dudaba en saber qué hay más allá de la cerradura de mis mentiras. No cree que mi mano sea la guarida de su universo, ni que mi lengua sea la llave para depositar tus secretos. Pero lo peor del asunto --además del estúpido tráfico de diciembre--, era saber que ella dudaba de mi pasión a cuenta gotas, sin tener el valor de definir que de quien realmente desconfíaba era de ella misma.

De ser cómo yo: un mitómano sentimental. Un antipático ser que no puede estar solo. Que necesitaba de un motivo sexual para romper la rutina. Pero había una diferencia que la atemorizaba: Yo podía admitirlo, ella ni siquiera se podía dar cuenta.

—Entiéndeme.
—No lo haré. No quiero.
—Me caga que te pongas así.
—Entonces ya no digas nada.
—X... eres tan inmaduro.
—Lo tomaré como halago, viniendo de ti.
—Entiéndeme.
—Qué...
—No me quieres, quieres que esté contigo, pero a mí, no.
—Te quiero.
—Cómo.
—Así. Normal.
—¿Te escuchaste? Cómo puedes tener los huevos para decirme que me quieres, si me hablas así.
—Porque te quiero, sin clichés ni nada. Así no más. Y quiero estar contigo.
—Para qué.
—Para quererte.
—Por cuánto tiempo.

Silencio.

—Ves, soy una mujer en turno. Y entiende, no te voy a dar ese gusto.


Doblé una esquina y me estacioné afuera de su casa. Sus palabras acribillaban las sienes. Quería hablar, dejar en claro que no iba a ser derrotado. Que tal vez si la quería. Que a lo mejor tenía razón.

Me dices que te entienda, pero tú no entiendes que es ahora o nunca.

—Te puedo querer para siempre.
—¿Puedes?
—Yo creo.
—Dime sí o no.

Ahora quería decirle que el para siempre, será hasta luego,que el sí es momentáneo y el no es eterno. Que por fin cuando dejara de dudar, sabrá que existe un olvido que puedo arrancar con mi cortejo. Y viceversa.

—No te quiero por el momento, te quiero porque me dices que no me crees.
—Eso no me aclara nada.
—A mí sí: creo que tienes razón.

Abrió la puerta y tomó mi mano.

Al siguiente día la llamaría. Ahora que ambos sabíamos lo que queríamos el uno del otro. La mentira fue más fácil. No haría falta un ramo de flores. No iba a ser necesario un despecho de caballerosidad, simplemente la necesidad de cubrir nuestros deseos con el calor de un cuerpo que los pocos días, quedaría hundido en el olvido momentáneo.

Tuesday, March 06, 2007

POEMA DE NADIE... de los POEMAS DE NADIE

Después de meses de no-inspiración y de estar subjetivamente viviendo de aquellos escritos de MÉNADES (dolor) y el antaño BETADUR, por fin comenzando otro poemario, bajo la supervisión del Circulo Novomilenaristas... Así que ahí va el preambulo, donde nadie son todas, y todas fueron y ahora no son, sino nada.



POEMA DE NADIE

Este escrito no es tuyo, aunque quisiera que fuera de ella,
de aquella que luego escondes.
Quisiera que lo que se lea hablara de ti,
que el yo fuera tú, y lo tuyo de mí.

Pero hablo de nadie, aunque a lo mejor la nada se llama igual que tú.
No pienso en lo que fue, sino en lo que ya no hay.
Tomo de los pies a la Real Academia para desgarrar el pretérito
y romper la cara a todo aquel (y me incluyo)
que afirma que el hubiera no existe.

Me regalo un boleto para reducir el cariño
y desplegar mi arranque hacia la indiferencia,
para comenzar a tomar absolutamente todo a la ligera.
Ya nada personal.
Es tiempo de congelar mi pasión
y desgastar mi manía adherente hacia las cosas…
Las cuales de ahora en adelante, serán igual de relevantes que la nada.

Quizás sólo los acentos sean míos y no tuyos.
Las vocales son para nadie, para aquel verbo que se coloca
en contraesquina de tu puerta.
Nadie toca tu timbre, nada se escucha susurrar
el pálido olor de tu boca en mi cabeza
que incitó a la conversión de la nada hacia el todo.

Subrayo este abismo de burlas
y de ceros a la izquierda de tu retrato.
Porque si este poema es a la nada,
esta tarde de verano el sol incinera mis prejuicios,
y me atrevo, ante el peligro de que mis palabras me ahorquen
a confesar que sólo puedo escribirte, y no decirte frente a frente,
que me haces mucha, pero mucha falta…
Pero nadie escucha.

Me provisionas del lujo de suponer
que te puedo arrinconar y expirar tus feromonas
a través de callejones donde tus ojos miran con los párpados cerrados
y los míos ven hacia un precipicio, porque ya no te ven a ti…
que estás potencialmente dispuesta a convertirte en nadie.

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